Pócima de amor verdadero.

 De pie frente al caldero, batía la bruja su poción misteriosa. Gotas de San Juan, elixir de santa madre, extracto de azafrán, y néctar dulce de bosques vírgenes, repetía el llamado a las tribus ancestrales mientras soplaba humos amargos de las hierbas ardientes. 

¡Amor eterno, completo y desinteresado! -repetía-

¡Ven y cúrame las entrañas y deja que de mí se enamore! -cantaba. 

Seguía la bruja danzando y pidiendo a los vientos furiosos, que aquél amor anhelado llegara a ella tras el ritual pagano. 

Entonces, tomando una tasa del misterioso brebaje, se sentó en el pasto, miró la luna, recordó el amor que alguna vez tuvo y se bebió completa aquella pócima infalible,  diciendo:

¡Que este amor que pido no merezca ser de nadie, porque de mí ha nacido y hacia mí ahora viene, permanecerá en los años y no será arrebatado, amor tierno, real y propio, sincero, soñado, limpio y perdido; provocado en mí por aquella que me mira en el espejo, de quien declaro hoy y para siempre, por fin, haberme enamorado!

Así, la bruja malvada dejó de creer en cuentos, armó su maleta y cogió su escoba, decidida a recorrer el mundo, en compañía de ella misma. 

Gina Alejandra Giraldo Estrada.












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