Mil cuadernos.

Me decía la psicóloga un día, escribe tus pensamientos y canalízalos en tu arte, permite que este se vuelva el conducto por el cual arrojas tus emociones. Mas lo cierto es que estos mil cuadernos que han sido llenados a mano, se han convertido en el mamotreto de la angustia y la tristeza, una gris biblioteca que habla desde la distancia, homenaje patético al amor ingrato y a las obsesiones; el espejo más cruel dónde se reflejan mis demonios, una tragicomedia que explota en risas y llantos. Miles de palabras tejidas, entrelazadas, que dicen mucho pero no dicen nada, maraña compleja de pensamientos silentes que me retumban con fuerza en esta terca cabeza, que si bien podría ser buena para las letras y los colores, indudablemente es pésima para la comunicación y las acciones.

Así que hoy me levanté y tomé de nuevo uno de esos cuadernos buscando filtrar aquello que contengo pero que casi nunca entiendo, y mi alma rota tomó el lápiz y escudriñó por dentro a ver si encontraba la curita que le pudiera sanar, pero comienza fracasando en su intento y solo vomita lo incontrolable, una mezcla amarga de deseos e incertidumbres. ¿Sabe alguien cómo se cura el alma y se remiendo el cuerpo? necesito anestesia para no sentir las puntadas, un opioide que me calme para no percibir más nada. 

Entonces voy en mi segundo intento, "sana que sana culito de rana, que si no sanas hoy, sanarás mañana"...sin embargo, no puedo dejar de pensar en eso que mueve esta idea, la estrategia más vil del ser al querer moldear los sentires en productos que acaban convertidos en deleite ¡qué valor tan absurdo le hemos dado los humanos a aquello que se crea a partir del dolor! no creo que cuando Monet retrató a Camile en su lecho de muerte, estuviera pensando en lo maravilloso que podría ser el resultado, no me cabe duda del dolor y el odio que debió sentir hacia sí mismo al intentar manchar un lienzo buscando el rostro ahora muerto de a quien más amaba, ese mismo rostro que monetizado y vendido, pálido y muerto hoy decora las paredes de algún salón social. 

Finalmente, vuelvo al cuaderno y me cuestiono, no pretendo compararme con Monet, o con Frida, o con Vincent; más sí comprendo aquello que debieron sentir, porque a mi esa sensación me colma y me desgasta, tanto que así habré llenado mil libros con dibujos y otros tantos con palabras, he perdido incluso la cuenta de todo lo que he hecho, tantos que algunos han ido a dar a la basura, tal vez porque en ellos me veo a mí misma sintiéndome vulnerable, y esto, siendo sincera, muchas veces lo odio.

Así que si alguien sabe el secreto para no tener que escribir estas vaguedades, o conoce algún catalizador de pinturas per venas para que el ejercicio terapéutico no se vuelva una tortura, que venga por favor y me lo diga, porque estos mil cuadernos que decoran mis repisas cada vez acumulan más polvo y polillas, junto con esas pinturas inacabadas y furiosas que en silencio cada día van pudriéndose en el patio.

Gina Alejandra Giraldo Estrada.


Claude Monet - Camille Monet sur son lit de mort

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