Para ti.
Con la piel pintada de caricias y los ojos brillantes de deseo, aquél beso profundo se hizo polvo frente al taxi.
Miro la enorme luna de esta noche y pienso que no quiero este adiós sin adiós, quiero volver a la mesa que dejó aquel plato de cereal a medio comer, y fundir las bocas en un beso de treinta días, que permanezca en los labios mientras cruzas las fronteras y que calme estas ansias que se esconden tras lo dicho.
Reconozco que tu abrazo me tocó las costillas, y que el roce de tu cuerpo me hizo temblar la garganta. Tu fila de inciertas frases fueron como piedras en la fuente que estancaron el agua que en mí fluía; retumbaron en mi cabeza con aquél "no" que pareció afirmar lo que ya sospechaba, mas comprobé con mis caricias lo que tu piel aguarda, cuando al besarte silenciosamente fueron tus poros abiertos los que te delataron.
¿Y si nos guardamos los miedos? déjame sentirte mientras aún te tengo, siénteme también y déjame quererte; que si mañana partes de tí me quedará un pedazo, entre las piernas, entre los labios, entre las manos, entre mi alma. Llévate también de mí lo que desees, arráncame la piel y mójate en mí, báñate conmigo, bésame y olvida el resto, que tan pronto, sin pensarlo, llegará el día en que seamos solo un recuerdo.
Y así, cuando estés lejos, me quedaré con los mil chats de medianoche y los más de cien besos dibujados en el cuerpo, conservaré como mía aquella habitación de hotel y guardaré en mis bolsillos tus abrazos entre cobijas, depositaré en mi baúl tus miradas lujuriosas para verlas siempre cada vez que te extrañe, y en la infinidad de mis memorias, junto a mis juegos de niña, guardaré por siempre tu mirada tímida.
En la distancia añoraré tu boca y tu cabello, te soñaré tras la frontera y susurraré tu nombre, desearé tu presencia y evocaré tu imagen, y te sentiré de nuevo con el roce de mis dedos, que recordarán tus manos haciéndome explotar.
Quiero que sepas lo que he declarado con firmeza, y es que nadie, lo prometo, robará de mí jamás tus caricias, y que en la ilusión futura de lo imaginado, aquella cabaña aguardará por nuestro encuentro.
Porque yo, sin duda, me quedo con lo bueno, me quedo contigo guardado en un frasquito al lado de mi cama esperando probarte cuando estés cerquita; a lo mejor viajaré mil millas por volver a verte, a lo mejor sentirás mi respiración entrecortada entre mensajes; a lo mejor vendrás y reventaremos hasta fundirnos juntos, a lo mejor nos extrañaremos, a lo mejor nos pensaremos. Pero recuerda, cariño, y de esto no tengo duda, que un día, cuando regreses, volveré a tenerte conmigo, y de nuevo con la piel pintada de caricias y los ojos brillantes de deseo, surgirá un beso profundo, que esta vez no tendrá afán, ni esperará taxi alguno.
Gina Alejandra Giraldo Estrada.
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