Lluvia

El vapor de agua que se condensa deja de ser gas y se convierte en líquido; así dice la ciencia que se forma la lluvia, mas no podría yo estar menos de acuerdo. 

Los días grises se forman desde adentro, cuando una mariposa muerta en el estómago revolotea por última vez. La lluvia nace entre las vísceras con un lamento sentido y desgarrador, se derrama por las mejillas y entra por las comisuras de la boca, la lluvia no es ácida, es salada, forma nubes en los ojos y relampaguea en la cabeza. 

La lluvia más torrencial se aloja casi siempre en la garganta, luego fluye y se derrama limpiando las calles y las almas, carga con todo, patina furiosa hasta acabar convirtiendo meses brillantes en tempestades iracundas. Así que no, no puedo estar más en desacuerdo con la ciencia, ¿Acaso, quién vigila mi meteorología? 

Es definitivo, la lluvia no viene de afuera, no cae del cielo mojando inescrupulosa; la lluvia, mi lluvia, vive acá en el centro de mi pecho, esperando aflojarse sobre este cuerpo agitado que a veces necesita apagar las llamas que le van ardiendo por dentro. 

La lluvia no nace en el cielo, lo digo decididamente, nace de mí, muy adentro, eso sí que me consta. 


Gina Alejandra Giraldo Estrada.




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