Catorce días.

Tiempo agonizante, que cargando en su pecho la premura del futuro, también se hace viejo con el pasado a su espalda; tiempo delineado por las formas abstractas de lo que algunos llaman destino; inagotable, agitado, alucinado y marchante, que transcurre y muere silencioso con cada letra que escribo. 

Tiempo intangible que no para; al que le he robado catorce días con sus noches, catorce abrazos y catorce besos codificados, catorce deseos que se quedan cortos y catorce fotos volátiles descifradas en la pantalla. Catorce horas, catorce suspiros, catorce intenciones y catorce motivos, dos semanas de secretos confiados y fantasías confesas, dónde aquél encuentro que parecía lejano, superó las barreras del tiempo y les saltó encima. 

Son catorce días de ese tiempo que me he guardado en los bolsillos, con el recuerdo de un beso furtivo tras el cerrar de la puerta y mil caricias guardadas en baúles que salieron inquietas. Tiernos roces acumulados en las palmas de las manos, que recorriendo las piernas descubrieron aquel camino trazado en catorce días, un camino coloreado con jadeos frustrados y sonrisas sonrojadas, intransitado y serpenteante, que pareciendo tan lejano los condujo hasta el oasis en su abdomen, donde brotando agua bendita desde adentro, tras dos semanas de caminar sedientos, finalmente se les refrescó la vida.

Por eso ahora acá los tengo, he decidido guardarlos, le he robado catorce días al tiempo para conservarlos muy cerca al lado de mi cama; tiempo acaparado, atesorado y húmedo, que detenido en un frasco, será por mí siempre protegido y amado.

Gina Alejandra Giraldo Estrada.






Comentarios

Entradas populares