Pensamientos de media noche.
Puedo pasar grandes espacios de tiempo observando la gente, me
regocijo al sentarme por ahí solo a mirar las personas hablar, mover los
labios, morderlos, abrir y cerrar rápidamente las fosas nasales al reír,
cerrar los ojos inconscientemente al parpadear, rascarse, estar en
silencio, suspirar. Me imagino cuál será su sensación cuando el cuerpo se
les moja con agua caliente, si el placer en ellos será igual al mío, si el
helado de vainilla les sabe igual que a mí, si disfrutan tanto como yo de las
caricias o si el cariño y la ternura que experimento al notar el ronrroneo de los gatos puede ser igual a como lo noto en otros, si ven el color rojo como yo lo
veo, si la manera en que mis sentidos me dictan el mundo es igual para
todos, pienso en lo loco y divertido que sería poder por unos minutos,
sentir la vida a través del cuerpo de otros, de un niño, de un anciano, de una
madre, lo sé, no es algo muy común, pero me sucede.
Hoy, ha sido
diferente, no he querido mirar a los demás, hoy decidí mirarme, analizarme,
permitiré el pasar de los minutos, para que mientras llega otra vez
el momento en que la noche le dicta al cuerpo su deber de dormir, las emociones
hablen por si solas.
Al notar mi desnudez tengo una rara sensación extra corpórea en
la que reconozco mi cuerpo como una caja elaborada por algún error artesanal, lo detallo completo, veo mi rostro, veo mis formas, y frente al espejo miro
bien adentro el fondo de mis ojos para así tratar de sentir
todo lo que soy, (eso que aún no he podido identificar plenamente) y
vuelo con la imaginación por encima de mi, cerquita, para no perderme, me miro con
ojos extraños y reparo ese cofre que habito, que me gusta, que cuido y
comparto con los que amo, ese que deposita el enigma de no saber quién soy.
Entre mis ideas y pensamientos, inevitablemente llego al instante en que me encuentro mirando de frente a mi propia muerte, esa amiga que acompaña a los seres y que nos cobija en humos de misterio y liberación, y me pregunto cuándo vendrá por mi y prefiero actuar como tonta y dejar que los días sigan pasando y asumo el trascender de mis días como lo han hecho aquellos de cuyas historias me han contado o he leído, personas, seres que han estado compartiendo el mismo aire que ahora respiro, un aire viejo y sabio. ¡Es que si las nubes hablaran, si el sol pudiera contarnos todo lo que ha visto, si tan solo el agua nos pudiera mostrar todo lo que esconde! podríamos entender un poco más lo irrelevantes que somos mientras estamos acá.
Puedo decir, que si acaso recuerdo quién fui hace años y he
llegado a sospechar de ese alguien que mora encerrado en mi cuerpo, que se va
alimentando de las horas que adelanta el reloj con cada tic tac sin que
las cosas cambien drásticamente, dejando apenas rasgos simples que
los demás pueden notar; me gusta pensar que la transformación del ser con
el paso de los años es como la mezcla del engrudo, la unión de materiales
limpios y simples que se van moldeando y aglutinan las formas que uno les
quiere dar; de igual manera, las personas nos vamos transformamos, el mundo, y
todo lo que él contiene nos va modificando, la información va llegando a la
mente y crea contorsiones en lo que se odia o se desea, se ama, se siente, se
anhela, o simplemente se ignora, y así forma de a poco ese conjunto de cosas que
llenan los cuerpos.
GINA ALEJANDRA GIRALDO ESTRADA
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