La hilandera.

Eran las 5 de la mañana del mes de abril, cuando siendo una niña y sentada frente a la semilla de una araucaria, comenzó a coser en el blanco telar. 

Fue así como aquella enorme colcha comenzó a extenderse sobre la llanura, llena de hilos sueltos y tela deshilachada, todo un paisaje de retazos que cuadro a cuadro y puntada a puntada, contaba a detalle más de mil historias; vasto tapiz colorido y pintoresco, imperfecto, desigual; singular anapesto.

Eran las 5 de la tarde del mes de abril, cuando siendo una anciana con las manos ajadas, sentada bajo la sombra del ahora moribundo árbol, dio con mayor esfuerzo su final puntada, y junto a la última hoja seca que cayó sobre ella, liberó de su boca un profundo suspiro, que soplando levemente los rastros de las pelusas, dibujó en un rayo de sol un hilo de polvo afluido. 

GINA ALEJANDRA GIRALDO ESTRADA

#JuevesDeMicrocuentos

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