N.N

Eran casi las tres de la tarde, el sol inclemente que calentaba el suelo levantaba un vapor minúsculo con olor a brea, mientras a lo lejos las arengas y las comparsas que de a poco se acercaban, desfilaban entusiastas en un inútil intento por despertarlo. 

Con cada paso marchista los ánimos se iban caldeando, y las lágrimas de algunos, sintiéndose vulnerados, alimentaban el grito compartido por lo injusto y lo posible. Fue entonces cuando se escuchó el primer estallido y la muchedumbre airosa corrió en estampida huyendo de aquella ácida humarada. Pasos galopantes comenzaron a retumbarle muy de cerca buscando un escape, mientras él, envuelto en su cobija harapienta, con el cuerpo húmedo de sudor frío y sin poder abrir por completo los ojos por el efecto del pegante amarillo, apenas balbuceaba vanos soliloquios, abrazando con esfuerzo insuficiente los cartones viejos y gastados que desde hace varios meses le servían de cama y refugio,donde  morisolo andeseaba poder dormir esa tarde, sumido en un sueño profundo, arrullado por el bazuco, bajo el sol tranquilo y silencioso de la tres de la tarde. 

GINA ALEJANDRA GIRALDO ESTRADA.
#JuevesDeMicroCuentos

Comentarios

Entradas populares