Laika.

El conteo regresivo había comenzado, el traqueteo y la turbulencia anunciaban estruendosamente el lanzamiento de toneladas de metal y combustible, que en perpendicularidad con la tierra burlaban la gravedad terrestre.

La pequeña astronauta observaba la azulada atmósfera con sus ojos bien abiertos, mientras los rayos del sol se reflejaban en su blanco casco y las nubes flotando a su lado le daban vía hacia lo desconocido, donde gases de colores comenzaron a dibujar para ella el inimaginable panorama; astros redondos se pasaban por su frente como preciadas pelotas de juego, y hasta los anillos de saturno parecían tentadores frisbee que atrapar. Mas la oscuridad de lo infinito pronto le cobijó la mirada y un inocente ladrido se escuchó en los rincones del espacio, cuando la cápsula metálica que la contenía, dejó entrar por sus ranuras la llama ardiente de un sol ya no tan lejano.

Fue el 3 de Octubre de 1957 cuando en el cielo brilló otra estrella, esa que nació de las cenizas del transbordador que llevando en sí la pureza de un can, marcaría el inicio de la mas impresionante era lunar.


GINA ALEJANDRA GIRALDO ESTRADA
#JuevesDeMicrocuentos

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