Fe desesperada.

Si supieras lo que esconde tras su pequeño vestido de borlas, correrías a esconderte bajo la cama; si tan solo pudieras ver lo que su suave interior aguarda, no dudarías en quitarse la vida. Nunca imaginarías lo que ella custodia dentro del pequeñísimo cuerpo, los secretos más perturbadores que alguien pueda imaginar, celos, iras y desgracias, le han sido depositados como puñaladas desde hace años, mas ella conserva en sus labios la inquietante línea de una sonrisa permanente, y bajo sus largas pestañas mira al mundo con curiosidad mórbida. Ella parece juguetona, su fragilidad te confundiría, y nunca adivinarías cuanta oscuridad esconde bajo sus suaves formas.
Ella es mártir que sufre silenciosamente, no llora, no gime, igual eso no te importa, solo deseas que eso que te duele ahora le pertenezca a ella, entonces con tu mente divagando en la posibilidad de una felicidad utópica, embriagado por tu propia obscenidad, comienzas a clavar en su corazón los punzantes alfileres, y con lentitud firme cortas una línea recta en el horizonte de su vientre, a la vez que le susurras tus miedos, rebuscando tu propia fe. Entonces, absorto en lo macabro, tomas la delgada soga que te entregó la pitonisa, y poco a poco comienzas a amarrar con nudos tensos su herido cuerpo mientras le suplicas por una nueva ilusión, ella es tu última esperanza y también tu maldición, ella, es tu muñeca vudú.
GINA ALEJANDRA GIRALDO ESTRADA
#JuevesDeMicrocuentos

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