Con el amor sí se juega.


Con el rojizo sol de la tarde en la cara y el corazón palpitante tras haber corrido buscándola, la encontró y se atrevió; con las manos sucias se secó el sudor de la frente y valientemente le robó su primer beso, sabía que tenía que volver al poste a gritar su nombre pero la dejó tomar ventaja, mientras a lo lejos alguien mas gritaba ¡1,2,3 por mí y por la barra! Durante seis juegos más tuvo que buscar, y junto a seis nuevos conteos, llegaron seis nuevos besos como premio al peor jugador de escondidijo que Aranjuez jamás haya conocido.


Gina Alejandra Giraldo Estrada.
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Cuento participante, Medellín en 100 palabras.


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