Allá, acá.

Y allá queda el verde, los pajaritos de la ventana y los mugidos lejanos. El gris y el concreto ya no condensan el frío viento, ni las ventanas escurren gotas de la que fuera una noche muy cálida. 

Ahí queda el pedacito de aire limpio, el agüita que florece cerca y los arcoiris de las cinco, ahí quedan las derrotas que se fueron con las piedras que rodaron por la colina, ahí quedan las lágrimas que acabaron en el río y también las noches de desvelo, atrás queda ese verde campo que me salvó. 

Y acá quedó yo, más arrebolada, más trébol, más roble; menos lluviosa. Con los pulmones un poquito más limpios y el pecho aún muy abierto, invocando a los cuatro vientos por nuevas brisas que me revuelvan el pelo. 

Acá quedó yo, hecha de nuevo, con las piezas unidas, sin olvidar los paisajes que me han coloreado todos estos días.


Gina Alejandra Giraldo Estrada.



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