Un café gramatical.
A lo lejos se divisan las montañas en punta, un mar de hojas verdes que soplan fuerte trayendo vientos de otras partes, un río claro serpentea bajo el lodazal de la cabaña, mientras la gris nebulosa desfila entre cielo y tierra. A tu lado el teléfono que vibra constantemente advierte nuevos mensajes ¿Cómo estás?... bien, tranquila, calmada, nerviosa, segura. Los días se adjetivan.
¡Mírate! con la cara desconfigurada, casi borrada de tanto llorar por tantos años, por toda tu vida, ahí, abrazando la tasa de café para calentarte las manos mientras caminas con los pies helados como siempre. A tu lado el teléfono que vibra constantemente advierte nuevos mensaje, ¿Quieres hacer algo hoy?... tus opciones se reducen, el sí y el no se disputan por tomar ventaja. Mejor luego, dices. Los días se adverbian.
Acá el café se enfría rápido y el viento sopla fuerte, el sol del medio día se parece al que hacía cuando visitaban el mar, entonces le das la cara para quemarte un poco las mejillas y sentirte como en ese entonces, la diferencia es que acá no huele a sal sino a pasto, acá no hay mar sino tierra, acá están todos, menos él. A tu lado el teléfono que vibra constantemente advierte nuevos mensajes, ¿Qué has pensado?... volar, correr, vivir, sonreír, aprender, agradecer, comprender...extrañar. Los días se verbalizan
Acaricias los perros y te ríes viéndoles mover la cola, acabas de bañarte así que te te toca mover las manos constantemente para que no se te duerman los dedos, extrañas tus lienzos, tus pinturas, tus gatos, su piel. Un vino caería mejor que un café.
Entonces el teléfono a tu lado muestra un mensaje. Hola...el día se sustantiva.

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