Vía arteria.

De Sur a Norte pasa un río que divide la ciudad, separa las linderas de los barrios que se miran de frente y lleva en sus aguas los residuos de las fábricas. Un río pantanoso donde se bañan los incautos y que baila furioso con los aguaceros, un río que  avanza en paralelo a la línea roja de algodón y poliester de trapos colgados en las ventanas, donde los carros lujosos pasan veloces y revuelcan el viento, ondeando las banderas monocromática de hambre y miseria de quienes gritan hambrientos en medio de la pandemia que se les consumió la forma lentamente ante nuestros ojos, esos que se han ido desvaneciendo y ya casi no los vemos. 

En la Avenida del río, no hay peces que naden o barcos que naveguen, solo fluye un caudal de gente afanada que tras volantes y pedales, adelanta velozmente a ochenta kilómetros por hora, hay también trampas de clavos lanzados y sogas colgadas que con desidia cortan cabezas y causan choques, hay personas grises cargando bolsitas de pegante para inhalar y que sin miedo se lanzan a los carros, y hay perros sucios, apurados que caminando sin destino, cargan tambaleantes pedazos de alguna pata chueca. 

En esta vía arteria donde corre la sangre arrastrada por las llantas calientes, se conectan los órganos palpitantes del Valle de Aburrá y se dividen los polos y las linderas. Avenida que cruza y corta, camino recurrente de quienes acá habitamos, por dónde la gasolina y la lluvia han dejado su rastro, borrando las líneas blancas que hace tiempo solían señalar advertencias.

GINA ALEJANDRA GIRALDO ESTRADA.
#MicroRelatos
2020















Comentarios

Entradas populares